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¿En qué mundo viven?

Por María de los Ángeles Reig - Directora de Contenidos de Asociación Civil Concordia.

Publicada en La Nación on line el 27 de agosto de 2020.



Hace ya unos meses que observamos con desconcierto que las agendas de muchos funcionarios públicos de distintos poderes y partidos parecen ajenas a la realidad que se vive en el país. Problemas que a simple vista requieren un tratamiento urgente, son soslayados o directamente no aparecen en escena.

Pongamos la lupa, por ejemplo, en lo que sucede en la Cámara de Diputados de la Nación: mientras los argentinos estamos siendo gobernados desde hace más de cinco meses a fuerza de Decretos de Necesidad y Urgencia de dudosa legitimidad y que cercenan libertades fundamentales como despedir a familiares cercanos en su lecho de muerte, la Comisión de Asuntos Constitucionales no se reunió nunca.

Tampoco lo hizo la comisión de justicia, a pesar de que el presidente ya presentó una reforma en el Senado.

La comisión de Pequeñas y Medianas Empresas tuvo un solo encuentro, aunque el sector, que es el mayor generador de empleo privado del país, atraviesa una crisis gravísima.

La de Seguridad interior lo hizo apenas tres veces. Una el 7 de abril, es decir, un par de semanas antes que soltaran a los presos, la segunda fue en julio en la que funcionarios del Ministerio de Seguridad dieron explicaciones sobre el ciberpatrullaje, y la tercera para iniciar la "Construcción de una Ley de Violencia Institucional". Sobre la inseguridad que parece estar fuera de control, ni una palabra.

De las 46 comisiones, la que más se reunió fue la de Mujer y Diversidades, que lo hizo doce veces. De las ocho veces que se reunió la de Acción Social y Salud Pública una lo hizo para tratar "la menstruación en la agenda pública"(sic).

Mientras cierran empresas, se pierden empleos, los chicos siguen sin clases y los enfermos crónicos no acceden al sistema de salud, los funcionarios se las pasan inaugurando áreas tan novedosas como inútiles en sus dependencias.

Así, en las últimas semanas hemos visto la creación de la Gerencia de Promoción de Políticas de Género en el Banco Central, cuyo primer trabajo ha sido la redacción de una guía para la comunicación inclusiva que incorpora términos como "mayordoma".

Por su parte, la titular de AySA, Malena Galmarini, llevó a cabo el lanzamiento de la "Guía no sexista de la lengua".De garantizar que el agua potable llegue cada vez a más hogares, que se encargue la RAE.

Tampoco quiso quedarse atrás la Inspección General de Justicia (IGJ), que estableció como obligatoria la paridad de género en los directorios de sociedades, asociaciones y fundaciones.

La Universidad de la Defensa Nacional, temerosa de quedar estigmatizada por patriarcal, lanzó su Diplomatura en "Transversalización de la Perspectiva de Género en las Fuerzas Armadas". Se ve que les sobra presupuesto de equipamiento y entrenamiento y se pueden dar estos lujos.

Nos enteramos a través de un tuit del Ministerio de Turismo que, por iniciativa argentina, el 10 de agosto es el Día Internacional del Turismo LGBTQ+. Que alguien le explique a los guardianes de la inclusión que el turismo debería ser el mismo para todos los seres humanos.

En medio de este torbellino de proactividad inútil, nos vinimos a enterar de que en la provincia de Buenos Aires hay una "Dirección de Masculinidades", que además de pagarle un sueldo al Director masculino, no sabemos qué otra función tiene.


No conformes con la amplitud del espectro de políticas con fundamento en la autopercepción, y por si todavía quedaba algún loco al que se le ocurría mirar la catarata de crisis que se nos vienen encima e intentaba buscar alguna solución real a los problemas reales, el Presidente emitió un DNU para asegurar la transversalización de las políticas de género a todos los ministerios y niveles del Estado.

El problema es tan evidente como inocultable: 50% de pobres, desempleo, inflación, inseguridad, crisis sanitaria, deserción escolar. Que funcionarios de distinto signo político miren para otro lado -que paradójicamente es el mismo- puede no ser casual. No podemos seguir perdiendo el tiempo en divagues ideológicos. No sé en qué mundo viven, pero yo sé en qué Argentina quiero vivir.

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