• Asociacion Civil Concordia

No queda otra que trabajar.

Dr. Pablo de la Torre - Presidente de la Asociación Civil Concordia.

Publicada en La Gaceta de Tucumán el 10 de agosto de 2020


Hace tiempo que, desde el lugar que me ha tocado ocupar como funcionario, entendí que las políticas públicas apuntadas a los sectores más postergados tenían que esta enfocadas principalmente en brindar herramientas y no tanto en asistir.


La experiencia me ha mostrado que, cuando las oportunidades aparecen y el medio es propicio, las personas tienden a recuperar la iniciativa y la capacidad de autogestión de la propia vida y la de su familia.


Madres sin iniciativa, retraídas y apagadas, lograron revertir su situación convirtiéndose en el núcleo activo de sus hogares, haciéndose cargo de sus hijos, de su casa e incluso emprendiendo un proyecto laboral o de estudio propio.


Sin embargo, para que estas mujeres logren salir en forma definitiva de la pobreza hace falta trabajo formal. Salen adelante con voluntad y esfuerzo; se preparan, estudian, se capacitan, pero el empleo no llega.


Si esta búsqueda se prolonga demasiado, las personas suelen volver a sus esquemas de vida anteriores: abandono personal y familiar, falta de continuidad en los hábitos de educación y salud, y dependencia del asistencialismo. La falta de trabajo y la necesidad de un plan social para subsistir, atentan contra la propia naturaleza humana.


Las recaídas son siempre peores. Quien ha intentado salir adelante y fracasó, se siente doblemente desalentado, hasta incluso llega a creer que no hay para él ni para su familia otra posibilidad que vivir de lo que le ponen en el bolsillo. Se va perdiendo la libertad, la creatividad y la iniciativa.


Por eso es urgente que el gobierno genere políticas públicas para fomentar la creación de puestos de trabajo. Trabajo real y genuino. Trabajo productivo. Trabajo formal.


Los acontecimientos desafortunados que nos tocaron vivir todos estos meses, profundizaron la crisis. Cuando hayamos salido del ASPO, tendremos más pobres y menos puestos de trabajo. El gran desafío será generar un clima propicio en la Argentina para que quienes tienen la posibilidad de dar empleo, lo hagan. Si seguimos atacando a quienes invierten ahogándolos con impuestos o cambiando las reglas de juego en forma permanente, no vamos a salir nunca adelante.


Los tiempos del relato y la heladera llena quedaron atrás. Si queremos salir de la crisis, tendremos que mirar la realidad tal como es y asumir los errores y las responsabilidades que nos correspondan. Luego, convertir la generación de empleo en el objetivo principal del gobierno.


Esta centralidad no puede quedar solo en el plano discursivo, sino que debe traducirse en acciones concretas: todas las políticas de gobierno tendrán que estar subordinadas a este objetivo. No solo las del Ministerio de Trabajo, sino las de obra pública, salud y las de orden económico. La educación tiene que jugar un rol fundamental en todos los niveles de formación: hay que buscar salidas creativas que fomenten e incentiven la cultura del trabajo, que fue la que alguna vez hizo grande a nuestra patria.


Todas las áreas del estado, en sus tres niveles –nacional, provincial y local- deberán ordenar sus acciones teniendo como fin último que todos los argentinos en edad de trabajar, tengan la oportunidad de hacerlo.


El principio de subsidiariedad tendrá que ser el hilo conductor de esta tarea gigantesca que debemos encarar, porque respeta la dignidad del ser humano al ver en él un sujeto capaz de dar algo siempre. La reciprocidad que supone es el mejor antídoto contra el asistencialismo y el paternalismo al que tantas veces tienden los gobiernos. Permite articular naturalmente los distintos niveles, de forma tal que cada uno haga y reciba justamente lo que le corresponde, respetando el lugar de cada uno dentro del esquema laboral.


Los gobiernos locales y regionales, deberán tener un rol protagónico en tanto que son quienes generan las condiciones más básicas para que el trabajo pueda crecer. Pero también será muy importante el papel del gobierno nacional, tanto como articulador de los intereses de las distintas regiones, como buscando equilibrar entre las zonas con más posibilidades y las menos afortunadas.


Soy consciente que es una tarea difícil y que llevará muchos años, pero no hay otra opción: si queremos salir adelante, no hay más remedio que trabajar.

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